El post-rock inunda A Coruña con Toundra en el Playa Club

17/06/2017 ·

María Nieto / Adrián Dios

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Toundra no es una banda corriente: es de ese tipo de bandas que merece ser escuchada. De las que de verdad sienten lo que hacen y tienen capacidad de transmitirlo en el primer acorde del concierto. No es habitual que una banda realice una gira europea y, un mes después de finalizar en su casa, Madrid, decidan volver a cargar los instrumentos a la espalda para deleitarnos con su música en A Coruña. Teloneados por The Tyrell Corporation, los madrileños llegaron al Playa Club dispuestos a arrasar. Y vaya si lo hicieron.

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El Playa recibió el primer golpe de Toundra al empezar a sonar Strelka. Toda una declaración de intenciones: flecha, en ruso. Directos al corazón. El cuarteto madrileño se caracteriza por una fuerza poco habitual en el escenario, que es capaz de atrapar al público desde ese post-rock tan característico de su sonido.

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Para cuando finalizan Magreb y Zanzíbar nadie de nosotros es indiferente a la potencia de la banda. ¿Cómo es posible que un grupo que ni sube micrófonos al escenario pueda comunicarse con tanta facilidad con su público? Su capacidad de experimentación habla de forma mucho más sutil y profunda que la mayoría de frases vacías del mercado mainstream que hoy en día parece inundarlo todo.

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Si escuchar a Wagner nos invita a invadir Polonia, escuchar Toundra nos obliga a defender Madrid del fascismo. Las camisetas de la banda pasan del estilo punk de Bad Religion a las continuas referencias al manga. Pero, sobre todas ellas, llama la atención el No Pasarán que muchas veces puede leerse en el pecho sudado de Esteban Girón (guitarrista de la banda) durante un concierto. Las notas de Bizancio dejan claro que no tenemos espacio para la apatía. Tampoco la necesitamos.

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Es curioso analizar el setlist de Toundra. La mayoría de bandas olvidan muy rápido sus primeros temas, dejando paso a las novedades y manteniendo la tensión para el final de unos bises precocinados con sus grandes éxitos. Toundra no olvida, y Toundra no enlata. Por eso tuvimos el placer de escuchar Medusa, de su primer LP, I. Y también Kitsune, de la última creación de la banda, IV (sus cuatro trabajos tienen el mismo nombre que los cuatro primeros trabajos de Led Zeppelin, como homenaje a una de las mayores bandas de rock de la historia).

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Por suerte, parece que a lo largo de 2018 podremos escuchar un nuevo trabajo, después de finalizar gira y experimentar con El Niño de Elche una aproximación al flamenco desde el post-rock con su proyecto conjunto, Exquirla. Lo que hace esta gente es crear algo que aún no existía, nunca terminaremos de agradecérselo.

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Hoy tampoco hay bises, Toundra se desnuda ante nosotros y lo da todo hasta que ya no hay más. Si queremos un intermedio tendremos que poner la televisión, aquí no hay pausas para ir rápido al retrete. Y por eso la sensación de final llega siempre antes de lo planeado, esta vez con Cielo Negro (Black Sky). Porque, aunque la noche fuera clara y las estrellas siguieran allí, una vez Toundra deja de sonar, la ciudad parece algo más oscura.

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